
Carta a Ángel Nieto
"Un día en el Jarama"
Mayo de 2003
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Era una mañana de jueves. Corría el mes de mayo de 1982. Aquel día las clases del colegio se me hicieron más largas de lo normal. Sabía que al salir, iba a ir directamente al kiosko a comprar el MOTOCICLISMO. Y allí iba a leer la crónica más esperada. La crónica sobre lo que habíamos vivido el domingo en el Jarama. Habíamos ido mis tres hermanos, mi primo y yo con mi padre y como siempre nos habíamos colado por la valla de atrás del circuito. La familia no estaba para gastos extras, así que siempre nos colábamos en el Jarama. Aquel día además casi nos pillan porque una señora gorda, al intentar pasar por la gatera, la alambrada se le enganchó en el culo y quedó atascada. No iba ni para adelante ni para atrás. El marido tirando desde dentro y los que todavía estábamos fuera empujando. Al final todos dentro!!. Y como siempre al siete. Allí estaba la magia. Después he estado en Jerez, en Cheste. Dicen que Jerez es la meca, pero eso es que no conocieron, o no se acuerdan del siete. Comenzó la fiesta. El Jarama aquel día estaba lleno hasta la bandera. Incluso Su Majestad D. Juan Carlos no se lo quiso perder. Ya tenías 10 títulos en el bolsillo, pero no sé por qué, verte ganar era mágico. Era como si no hubieras ganado nunca, como si cada vez fuera la primera victoria. Contagiabas a la gente la ilusión que tú mismo tenías por ganar. Creo que lo que te ha distinguido siempre de los demás era siempre esa ilusión, esas ganas. Por eso creo que nunca ha habido otro piloto en el circus que te haya hecho sombra, en ninguna de las categorías. Ni siquiera Hailwood, ni Agostini, ni Read, ni el gran Surtees. Ni por supuesto Roberts, Sheene, Spencer, Lawson, Rainey, Schwantz, Doohan. Ellos fueron buenos, muy buenos. Pero ninguno ha sido el más grande. Aquel día en 125cc ganaste a lo Nieto. Respetando al rival y sin embargo machacándolo en la pista. Todos tus rivales sabían dónde estaban. Sabían que corrían con la inmensa mala suerte de coincidir en una parrilla contigo. O la inmensa buena suerte, según se mire. Pero aquel día la victoria en 125cc fue el aperitivo. En la mente de todos estaba el trofeo Banco Atlántico del año pasado, 1981, en el mismo circuito. Pero hoy iba a ser diferente. Era un GP de 500cc, e ibas a disponer de una moto oficial, de la segunda moto del campeón del mundo en título, de tu amigo Marco Luchinelli. Salida!!. Desde el siete se oía perfectamente el conjunto de mecánicas 500cc 2T aullar como gatos escaldándose, se veía fin de recta sin distinguirse todavía quien era quien, y de repente aparecía el pelotón en "Lemans" con ese clásico sonido de motores con el gas cortado en una frenada para salir acelerando de "Lemans" y volver a cortar para coger "Farina". UUUUUUUUMMMMMMMMMM............PAAAAAAMMMM.....UMMMMMMMM.……....PAMMMMMMMMMMMMMM y luego un ligero corte, pero no total, para negociar "Pegaso" con dos marchas más. Lo que mejor recuerdo era tu casco inconfundible. Como siempre arrancaste fatal, casi el último. Sólo dos o tres pilotos por detrás. Una vez desaparecidos de la vista se empezaba a oír la voz del speaker que gritaba sin parar. Desde la parte alta del siete recuerdo perfectamente que se veía la parte final de la recta. Casi sólo se apreciaban los cascos de los pilotos pasar sin distinguirse quién era quién, pues la distancia era elevada. Pero se apreciaba perfectamente la secuencia de pilotos uno detrás de otro. Un grupo pero todos en fila iban llegando al final de recta. uno, otro, otro, otro, cuando de repente aparece un casco que se aprecia claramente que se funde como a cinco o seis pilotos de una tacada, quien?. No puede ser. Pero sí. Llegan las motos al siete de nuevo y tu casco aparece en la mitad del grupo!!!! en una vuelta te has cepillado a cerca de 12 pilotos!!!!. Pero si estamos en un GP de 500cc!!! En cada vuelta ibas pasando a más y más pilotos. En la cuarta vuelta ibas décimo. Los derrapajes de la Honda Tricilíndrica te importaban un carajo. Tu mente sólo estaba en la victoria. Dicen que verte tomar la curva del túnel era un espectáculo. La Honda se retorcía como si su rígido chasis fuera de goma y derrapaba perceptiblemente y tu salías ¡dando gas!. Sí. Tú no estabas allí para contentar a un patrocinador o para cumplir con ningún contrato. A ti sólo te valía ganar. Por eso encontraste los límites de la Honda en la ciega, en la cuarta vuelta. Ibas a por Ballington, y un poco más adelante a por Katayama, pilotando otra Honda 3. Katayama al final fue sexto, y casi con toda seguridad lo habrías superado de seguir en carrera. De hecho tu mejor tiempo en esas cuatro vueltas fue mejor que el mejor de Katayama. Y con el depósito lleno!! Por eso Angel, cuando compré el MOTOCICLISMO no me molesté en pasar hoja a hoja. Fui directamente al índice para ver en qué página estabas. Recordé mientras metía la uña en la esquina de la revista para seleccionar el número de página, que el titular del año pasado, en el reportaje sobre el trofeo trasatlántico fue: "Qué grande eres pequeño", y en ese momento no me imaginaba uno mejor. Abrí la página y en letras grandes, ocupando toda la página principal del reportaje leí: "Su Majestad, Don Angel" Nunca más volviste a coger una 500 de GP. Fuiste a Japón a por una moto oficial pero a las fábricas no les interesaba un piloto de un pais sin motos japonesas que vender. No se creyeron que podías ganar. Los japoneses se equivocan a veces, y no tienen sensibilidad para distinguir a los pilotos de raza. Les pasó con Hailwood en el 78 cuando volvió a la isla, y les volvió a pasar contigo. Hace unas semanas, se fue un gran amigo tuyo. Se fue Barry Sheene. Uno de los grandes. Por desgracia no es la primera vez que te ocurre. Te pasó con Santiago Herrero, con Michael Rugiere... El gesto que te vimos hacer cuando sabías que lo de Barry no tenía solución, preparando ese álbum de fotos para enviárselo, nos volvió a demostrar que en lo personal eres tan grande como en la pista. Los grandes pilotos suelen ser también grandes personas. Tú eras de los que de vez en cuando has dejado la victoria a tu compañero de equipo. Porque corría en su país, por ejemplo. Pero lo que hiciste con Barry fue de esas cosas grandes, de esas cosas que todo el mundo se da cuenta, aunque no lo diga. De esas cosas que te hacen sentir algo en el estómago. Después de esto decidí hacerme un casco con tus colores, mi pequeño homenaje a todo un campeón fuera y dentro de las pistas. Soy motero de siempre. Me lo contagió mi padre. Y no olvidaré nunca los días en el Jarama, el ambiente del siete, y ese casco con dos alas a los lados que volaba bajo en las pistas del continental circus. Gracias, Majestad, gracias Don Angel. Toño Villanueva Mayo 2003
La portada de aquella revista del GP que inspiró mi relato
El titular del reportaje me puso la piel de gallina
Lleno hasta la bandera y nunca mejor dicho
125 cc fue el aperitivo
500 cc el plato fuerte
Aquí acabó todo. Las ganas fueron superiores al agarre de los Michelin Y a continuación un recorte de la crónica de MOTOCICLISMO en la que se puede apreciar algunos detalles que comento en la carta.
¿Hasta dónde hubiera llegado Nieto?
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