Chema Carrión

Me llamo Chema y soy un pirao de las motos.

He venido a esta reunión de piraos de las motos anónimos (quiero decir de trialmadrid) porque solo hay una cosa que me guste mas que montar en moto: montar en moto con mis amigos....

Mis recuerdos moteros se remontan a montar cuando tenía menos de dos años en la parte de atrás de una montesa brio que tenía uno de mis tíos. Habrá quien no se lo crea, pero yo lo recuerdo perfectamente. Por lo visto había que bajarme "con sacacorchos".

Todavía recuerdo la primera vez que llevé un acelerador, era una Puch X20 de un vecino y yo iba entre las piernas de mi padre. Hay cosas que nunca se olvidan. Me decía: los charcos, o los pillas por el centro, o ni los pises, por los lados no, que resbalan...

Así que, en la medida en que la vida me lo ha ido permitiendo, me he pasado el tiempo montado en todo tipo de aparatos de dos ruedas (y alas, que es mi otra afición...) Trial, enduro, carretera, scooters, motocross con la moto de enduro. No le hago ascos a nada, uno es así de sacrificado. La verdad es que he tenido unas cuantas motos, algunas mejores y otras peores, pero en todas ellas (incluido un BMW C1, la moto menos parecida a una moto que haya existido...) he disfrutado de aquello que Don Paco definió como "el placer del equilibrio dinámico..."

Hay dos momentos claves en mi afición al trial. Uno fue en el año 92. En esa época estaba volcado en la carretera (que no circuito, no señor...). Tenía una Yamaha TDM 850 con la que llegué a subir Los Leones en menos de... No, no lo voy a decir, pero nadie, y digo nadie, empezó nunca el puerto por detrás mío y lo acabó por delante (hay que ver las bobadas que se hacen con veinte años), y eso que cada sábado me lo subía y bajaba unas quince o veinte veces: Pues bien, en aquella época en la cual en vez de irme de copas, lo que yo hacía era ponerme el casco y el mono y arrancar a las 11 de la noche y volver a casa al amanecer con 900 kilómetros en el cuerpo, me mandaron a Escocia una temporada por motivos de trabajo. Allí conocí a otro pirao, que casualmente era mi el jefe máximo del lugar de trabajo, que tenía dos trialeras, una tlr 200 y una cota 349/4. Y aquí actuó lo que yo creo que era el destino: el día que me invitó a su casa a tomar unas pintas para celebrar que por dos veces en la misma jornada me había escapado de un encuentro (aeronaútico) con "la dama de negro...", descubrió que yo había montado en moto de trial: un potencial rival! Y claro, le faltó tiempo: "take the bike boy, take the bike, the Mountesa for you, let´s see if spanish riders are as good as they say..."

De allí salimos dando tumbos por el campo (las tres pintas ya pesaban) y lo pasamos tan bien que acabamos regresando campo a través bien entrada la noche. Me mojó la oreja, claro, pero me lo pasé como nunca antes en una moto. A partir de ahí estuvimos montando tan a menudo como nuestras obligaciones laborales nos lo permitían. Precioso lugar aquel. Y un buen amigo. Si Dios empezó el mundo por algún sitio, sin duda fue por Escocia.

Y llegó el día en que me tocó volver a casa. Según llegué, pillé la TDM, y a estrujar. Venía de Inglaterra, de unos cuantos meses de conducir por la izquierda... En la primera rotonda, al lado de casa, casi me da un infarto: no había tráfico, serían las 11 de la noche en invierno ( como siempre, mejor de noche, hay menos radares y menos tráfico), llegué "lanzao, lanzao" clavé los frenos, y cuando fui a tumbar, me entró la duda: ¿por la derecha o por la izquierda? No me preguntéis por donde la tomé. No lo se. Por el centro no, seguro, había bordillo y plantas... Me paré al otro lado de la rotonda, respiré y dije, jod,r, que poco divertido. Unos días después me descubrí a mi mismo tirando de embrague con la TDM en los semáforos para no poner el pie y subiendo por las rocas e intentando escalones con una ktm de enduro que tenía, y empecé a asumir que entrar "enchufao" en las curvas cada vez me divertía menos, que lo que de verdad me apetecía era subir por las rocas, los cortados, las trialeras.

Así que sin dudarlo vendí la TDM (dicen que mi Angel de la Guarda hizo una fiesta con barra libre para todos sus amigos...)y con ese dinero me fui a Difrenos y me pillé mi primera trialera moderna, una Fantic Kroo de segunda mano. Tenía 23 años, un poco tarde para empezar y llegar a algo en el trial, pero ya tenía claro que nunca es tarde para disfrutar...

Estuve seis años estrujando mis trialeras por toda la zona norte de Madrid. Mucha excursión y de cuando en cuando, algún trial en categoría de aficionados, con un par de terceros puestos como mejores resultados. Colaboré en lo que pude, fui juez de un Campeonato de España y de un mundial, hice muchos amigos nuevos y me lo pasé muy bien.

Por desgracia me compré una moto de una marca equivocada. La más ligera, la mas potente, la del campeón... Pero a fin de cuentas una moto mal fabricada, que una vez transcurridos los seis meses iniciales, pasaba más tiempo en el taller que en casa: un agobio de moto, siempre rota. Y cuando no lo estaba, tampoco disfrutaba porque ya estaba sufriendo de oír un ruidito nuevo que tenía claro que iba a acabar en otra sangría de dinero.

Además, me fastidié la misma muñeca tres veces seguidas por no curarla bien, y sobre todo, por entrenar escalones grandes sin nadie que me acompañase para sujetar la moto. Un día cogí la moto, la llevé a su casa (el taller, su "hogar, dulce hogar") y allí se quedó para siempre. Hice un amago de comprar otra de una marca diferente, pero mi amigo el de la tienda me decía: todas son igual, todas son motos de carreras, te van a dar problemas. El tiempo me ha demostrado que a pesar de su buena intención estaba equivocado. Incluso él ha cambiado y ya no distribuye aquella marca... Después he tenido varias más de otras marcas, sobre todo Montesa/Honda y NINGUNA ha dado guerra.

Y acabé dejando el trial, craso error. Aunque yo también pienso como Toño, no sirve de nada lamentar lo que se ha dejado de hacer, pero si que es bueno ser consciente de ello, para aprender. Me pillé una trail para desfogarme alguna vez en el campo, y me metí en algún otro berenjenal, esta vez laboral.

Tras cinco años más de desconexión del trial, utilizando la moto como medio de transporte, eso si ( desde que gané mi primer sueldo jamás ha estado mi garaje vacío, jejeje), un día acompañé a un conocido a Difrenos a mirar un quad. Y allí estaban, esperándome. Montones de motos de trial...

Mientras esperábamos, salió una del taller, escuché el petardeo y pensé: "la has cagado chaval, esto es como el ex-fumador que da una calada..."

Y así volví. Quería una Montesa. Mi experiencia en el mundo de las motos (no solo de trial) en todos estos años me dice que las motos honda van siempre bien, tienen un nivel tecnológico e industrial excepcional, no dan problemas, tienen recambios rápidamente cuando hacen falta... Pero aunque había rumores de una Montesa 4t, todavía no se fabricaba, y, puesto a tener que aprender de nuevo, me apetecía un 4t, así que compré una Scorpa 125 4t que me dio montones de satisfacciones en el año que la tuve. Unos días después descubrí los foros de todotrial, y allí un montón de nuevos "piraos" como yo, con lo que compartir alegrías, experiencias y miles de cosas más.

Por supuesto, en cuanto salió la cota 4RT la compré. Es más, en primavera de 2004, el mismo día que me di cuenta de que era posible arreglar un gran problema (ajeno a todo esto) surgido meses antes, que era una cuestión solo de tiempo y persistencia, para celebrarlo, me fui a Difrenos y dejé encargada la primera 4RT que se vendiese en Madrid, aún sin saber como sería, ni su precio. No me equivoqué. Ni al elegir la moto ni en la estimación. Curiosamente la moto me la entregaron en Diciembre, justo al día siguiente de que consiguiese reparar definitivamente el problema, casualidades de la vida.

Con ambas, la scorpita y la 4RT, y alguna honda TLR que he conseguido, me he ido reincorporando al campeonato madrileño de clásicas y modernas, con resultados discretos, pero disfrutando muchísimo, y retomando el contacto con el entorno del trial en Madrid.

Precisamente en septiembre pasado ocurrió el segundo momento clave en mi afición al trial: habíamos estado montando por nuestro sitio habitual, con Luis y David León, David Quer, Nacho Fernandez-Sancho y Nachete. Era una tarde calurosa y ya volvíamos a casa al anochecer. En el camino de casa nos encontramos a un "tarao" empeñado en que las motos le molestaban, y que el forma parte de una asociación de "explotadores" de los recursos naturales y que no le gustaban las motos y por tanto no debíamos montar por donde a él no le apetecía.

Independientemente de que hicimos lo (a mi juicio) correcto, parar tranquilamente, saludar, explicarle que no tenía razón, que no hacíamos ningún daño a nadie y mucho menos al medio ambiente, además de estar en un sitio donde SI se podía montar en moto, y, cuando se puso cabezota e irrazonable, ignorarle e irnos, me dejó mal sabor de boca. Mal sabor de boca porque tuve la sensación de que un "tarao" de estos monta una asociación y argumentando "motivos medioambientales" se puede dedicar a intentar fastidiar una actividad tan respetuosa con el entorno como es el trial. Una actividad que no solo no degrada el terreno sino que, por la filosofía de sus practicantes, tiende a ayudar a mantener dicho medio ambiente, a cuidarlo y respetarlo como única forma de continuar con dicha actividad. Además, ibamos con niños. Nachete (ocho años en aquel momento) miraba al "tarao" como diciendo, ¿pero que es esto? Por mi parte, yo tengo un hijo pequeño que en aquel momento no montaba todavía en moto, pero que siempre me había dicho que en cuanto tuviese edad quería venir conmigo. Y cuando llegué a casa no hacía mas que darle vueltas: ¿así es como quiero que esté mi hijo en el futuro? ¿discutiendo con locos y escondiéndose para poder practicar su deporte favorito? ¿Que puedo hacer yo para que esto cambie?

Hay alguien que me conoce bien y que dice que yo cuando veo un charco, no es que me meta, es que me lo bebo... Y esa noche se me ocurrió: hay que montar un motoclub. Para fomentar el deporte del trial. Y para fomentarlo especialmente entre los niños y jóvenes. Para disfrutar con los amigos, y también para demostrar a la sociedad que los trialeros no solo no somos un problema para el medio ambiente, sino que somos parte de la solución a su cuidado y vigilancia.

Mi experiencia me dice que, una vez encontrado un proyecto, lo más difícil es encontrar los socios adecuados, pero la vida una vez me mostró su cara mas amable, y me hizo ir contactando con Togno, Pedropedales, Karl-Litos, Corsino, Nanos...

Hay un dicho español que dice "verde y con asas...". Ya estaba todo. Una buena causa, un proyecto y los socios ideales: ni un momento de duda, mirada al frente y gas a fondo...

Chema Carrion 24 de Junio de 2005

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