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El trial y el medio natural
Capítulo II
AFECCIONES AL MEDIO NATURAL
Por José María Gaitán
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Prácticamente cualquier actividad que se nos ocurra que pueda llevarse a cabo al aire libre en un entorno natural afecta de alguna manera al medio. Esas afecciones serán mas o menos importantes, duraderas, pasajeras, irreversibles o no, asumibles, escandalosas, inevitables, etc. Desde algo tan sencillo como llevarse el “radiocasé”, que aparte de ser una completa horterada, afortunadamente está en desuso, o al menos no está tan extendido como hace algunos años, a desmontar dos hectáreas de monte y plantar un cementerio nuclear, hay un largo trecho en el que está el trial. En el primer caso, el hortera de turno puede tener la feliz idea de llevarse a la familia a merendar a voz en grito debajo de un nido de águila perdicera, por ejemplo, y arruinar la “pollada” (con perdón, pero se llama así). Si tenemos en cuenta que quedan pocas parejas de éste ave, el “hortera” acaba de producir un pequeño desastre ecológico él solito (con ayuda de los niños y el radiocasé). En éste caso, el desastre (involuntario eso si, no carguemos contra el hortera) es claramente evitable, pero no es irreversible. En el segundo caso, con nuestro cementerio nuclear, el desastre es desde luego irreversible pero desgraciadamente quizá sea inevitable. Es evidente que la moto de campo, al menos en el 99% de los casos no produce efectos irreversibles, a no ser que lleves la mochila cargada de uranio radioactivo, y al beber en aquel riachuelo, se te caiga y la líes…pero sí evitables. Las motos de trial, como las de cualquier otra actividad, deberían venir con un prospecto que nos aconsejara sobre su uso, sus dosis adecuadas, y sus efectos secundarios. Aparte de los sudores fríos ante ese cortado, dolores de cabeza ante esa avería de todos los días, etc. Su uso continuado produce adicción, y su uso inadecuado puede resultar perjudicial para el medio ambiente. Lo que vamos a tratar es de conocer mínimamente de qué manera puede afectar el trial al medio natural, más adelante, veremos qué podemos hacer para evitar o minimizar esos “efectos secundarios”. Nada más arrancar la moto tenemos ruido y emisión de gases contaminantes. Esto molesta generalmente a nuestro amigo el hortera del radiocasé que se acaba de cargar el 20% de la población mundial de águila perdicera. Estamos hablando de trial, luego lo más prudente sería alejarnos de éste individuo y buscar otras zonas. A 50 metros nosotros oiremos su radio pero él no oirá nuestra moto. Las motos de trial no son especialmente ruidosas. En cuanto a la emisión de gases contaminantes, esto molestará mucho al que mientras nos insulta se está preparando la barbacoa con la que inaugurará un bonito incendio que arrase unas miles de hectáreas. Por lo tanto, y ahora totalmente en serio, estos dos factores, ruido y contaminación, si bien en algún momento puntual puedan molestar a otros usuarios, yo personalmente no considero que tengan importancia. Ojo, repito que estamos hablando de trial, y estamos dando por sentado que hacemos trial fuera de zonas de reserva, espacios protegidos, zonas de uso restringido y demás, es decir, fuera de aquellos lugares donde nuestra autolimitación de trialeros “medioambientalmente responsables” nos lo impide (ver capítulo de Legislación). A la contaminación por emisión de gases, como digo prácticamente inexistente, el único caso en el que no podremos contestar al “ecologista de salón” de turno, es que nos encerremos en el garaje, arranquemos la moto y esperemos a que el oxígeno sea consumido, empecemos a respirar monóxido de carbono, y palmemos. Pero, insisto, hablar de contaminación atmosférica en la práctica del trial, sólo nos puede hacer reir. Otro tipo de contaminación lo constituyen los vertidos de sustancias contaminantes. Dejando a un lado la mochila de uranio radioactivo que se nos cayó al río, es evidente, y casi sobraría decirlo, que bajo ningún concepto debemos tirar ningún tipo de residuo contaminante o poco degradable al suelo. Aceites, líquidos de frenos, plásticos, etc. Una vez en marcha, aparte de estos dos factores, podemos empezar a generar problemas de erosión, que es donde realmente se producen afecciones. No todos los tipos de terreno son igual de vulnerables, dependiendo fundamentalmente de su dureza y disposición. El trial, básicamente se desarrolla sobre tres tipos generales de terreno; roca, tierra y agua, con todas sus combinaciones posibles, con o sin vegetación. Evidentemente, la mayor vulnerabilidad le corresponde al agua y a la vegetación, y la menor, al menos teóricamente, a la roca. • Las zonas basadas en piedra, que podrá ser mas o menos suelta o fija al terreno, son mas fácilmente alterables en función de su composición y dureza. Así, si una roca arenisca (frecuente por ejemplo en zonas como Molina de Aragón, en Guadalajara) se deshace con relativa facilidad después de pasar unas cuantas veces, será más difícil sobre pizarras (Somosierra y Sierra de Ayllón), mas aún sobre calizas, e imposible, ni aún dándonos cabezazos, sobre el granito, la roca mas abundante por ejemplo en la sierra de Guadarrama. En éstas zonas de piedra también pueden verse afectados musgos, líquenes, hábitats de pequeños mamíferos o reptiles y sobre todo, plantas que llamamos “rupícolas” (crecen en las hendiduras de las piedras) y que suelen ser con frecuencia especies vulnerables. En consecuencia, cuantos menos “habitantes” tenga la piedra, mejor… • En las zonas de tierra (con o sin piedra suelta), el efecto que producimos puede ser la erosión, pero al igual que en caso de la roca, el efecto es más estético que otra cosa. No se podrá acusar al trialero de producir grandes pérdidas de suelo fértil y de conducir al planeta a la desertización. En cuanto a las características del suelo, en terrenos predominantemente arenosos se producirá un efecto erosivo más acusado, y más aún cuantas más veces pasemos por el mismo sitio, y en los de textura más arcillosa se produce una compactación del suelo, mayor cuanto más húmedo esté. Para aclararnos un poco, cuanto más nos cueste quitar el barro de la moto y éste sea más pegajoso, el suelo tiene más arcilla. • En cuanto a la vegetación, presente en mayor o menor medida en casi todos los terrenos, toda ella es vulnerable, pero en cualquier caso, el efecto una vez más es pasajero y puntual y el posible impacto es una vez más, visual. Aquí tengo que recordar una vez más que estamos haciendo trial fuera de las zonas de reserva, espacios protegidos y montes de utilidad pública. En caso contrario, el impacto podría ser importante siempre que repitamos muchas veces la misma zona. • El último tipo de zonas serían las de agua. En general pueden ser los ecosistemas más vulnerables. Nuestro paso puede tener efectos sobre la vegetación (de ribera o subacuática) y sobre la fauna, en cuanto a destrucción de su hábitat, ya que “la fauna” saldrá por patas o por aletas según corresponda a su condición. El agua, tanto corriente (arroyos y riachuelos) como estancada (charcas), suele albergar una vegetación y una fauna de los mas variada. La charca más infecta y aparentemente putrefacta puede contener uno de los ecosistemas más complejos y vivos que nos imaginemos. Por algo se dice que el origen de la vida se sitúa en una charca de estas putrefactas (y viendo a alguno de estos que decíamos del “radiocasé” la verdad es que te lo explicas…). Para terminar, otro efecto secundario indeseable sería el peligro de producir incendios. A pesar de lo novelesco que resulta el enmascarado que va sobre una moto prendiendo fuego por el monte, en la realidad es difícil, por no decir altamente improbable que podamos producir un incendio por el simple hecho de hacer trial. Peligroso será el cigarrito entre zona y zona por ejemplo, pero el funcionamiento de la moto en sí no debe suponer un riesgo, a menos que nos dediquemos a hacer “cortes de encendido” en el más puro estilo macarril. Debemos tener especial cuidado con las posibles chispas que se pudieran producir al rozar partes metálicas con piedra. Un cubrecarter o un chasis o basculante en caso de castañazo, podrían, aunque no es probable, producir chispas que pueden resultar peligrosas en caso de haber pasto seco. Es algo poco probable pero que en cualquier caso conviene vigilar. En definitiva, por si a alguno de los que habéis llegado hasta aquí leyendo os han dado ganas de llorar y vender la moto por ser responsables del deterioro del planeta, tranquilos que no es para tanto. Resulta bastante evidente que el daño que el trial puede producir en la naturaleza es generalmente mas estético que otra cosa, con efectos, la mayoría de las veces pasajeros y puntuales, aunque por otra parte evitables en muchas ocasiones. Las limitaciones legales a la práctica del trial son, en gran medida, producto de posturas “políticamente correctas” que tratan de evitar el deterioro medioambiental por acumulación de impactos de mediana o baja intensidad y, en muchas ocasiones, permiten o, al menos no limitan de manera suficiente, actividades mucho más impactantes. En cualquier caso y como veremos más adelante, cuanto mas “humanizado” esté un terreno, menos impactante resultará que hagamos trial allí. |
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