El trial y el medio natural

Capítulo IV

¿QUÉ PODEMOS HACER? PERSPECTIVAS DE FUTURO

Por José María Gaitán

Si empezara por el final diría que en mi opinión el futuro del trial “por libre” está muy negro, pero como se debe empezar por el principio, intentaré explicar que en gran medida, y en mi opinión, que sea más o menos negro depende de nosotros.

En primer lugar debemos hacer una distinción entre lo que podemos hacer desde el punto de vista legal y desde el punto de vista de nuestro comportamiento en el medio natural.

En cualquier caso, antes de plantearnos soluciones razonables siempre tenemos a nuestro alcance algunas otras más drásticas. Desde vender la moto, hasta dedicarnos al trial indoor en el salón de casa, suicidarnos quemándonos a lo bonzo delante de la sede de alguna asociación ecologista (si te decides por ésta opción, llámame antes y te guardo la moto...) etc. Creo que es más interesante intentar que esa tendencia negativa cambie, o que cambie al menos la percepción que hay en general sobre la moto de campo.

En cuanto a nuestro comportamiento, hay que tener en cuenta que el medio natural, nuestro entorno, soporta cada día innumerables agresiones y está sometido a una creciente presión por la acción del hombre. Es evidente que el trial no resulta beneficioso para el entorno, por lo tanto, cualquier tentación de intentar venderlo como algo que contribuye a mejorar el medio ambiente debe ser desterrada, hay que ser realistas y encaminar nuestro esfuerzo a que la degradación que pueda producir sea mínima y asumible.

Una buena puesta a punto de la moto contribuye a que resulte menos contaminante (un grano no hace granero, pero ayuda al compañero...). Debemos utilizar la moto con sentido común, valorar de antemano qué efecto puede tener lo que vamos a hacer. Siempre hay alternativas en una zona concreta que con una variación mínima pueden resultar menos impactantes aunque estemos de acuerdo en que sean impactos meramente visuales, y no por ello desdeñables. Aunque en principio cuanto más se repite una zona más se acumula el daño y más lenta sería la recuperación, habrá gente que opine que es mejor “destrozar” una zona concreta que estropear más someramente una extensión mayor. En mi opinión habrá que ver en cada caso que importancia puede tener cada zona.

Una recomendación que haría el mismísimo Perogrullo es que se note lo menos posible nuestro paso, en definitiva no dejar “recuerdos” ni generar ningún tipo de residuos. Nadie va a ir después a recogerlo. Esto lo tenemos claro los que participamos en la operación limpieza previa de la zona donde se desarrolló el trial de Collado Mediano.

Actividades de éste tipo, además de servir (aunque parezca mentira) para pasar un rato divertido, tienen un indudable efecto beneficioso sobre el entorno, pero deben tener también una repercusión mediática adecuada, que sea un buen punto de partida para remover prejuicios sobre la fauna trialera.

Debemos evitar las zonas en las que nuestro sentido común nos diga que el daño que podemos causar no compensa lo bien que nos lo vamos a pasar. Busquemos variantes o directamente nos vamos a otro sitio.

Las zonas más humanizadas son las que resultan en principio menos vulnerables, principalmente porque alguien antes que nosotros se ha encargado de cargárselas, generalmente con todas las bendiciones. Vuelvo a mencionar aquí los terrenos urbanizables. En éste caso algo que está a nuestro alcance es ser capaces de explicar el contrasentido que supone que no se pueda hacer trial en terrenos en los que dentro de un mes o quizá de diez años, va a haber una bonita urbanización, o un vertedero, o incluso una autopista.

Otro factor negativo es el ruido, aunque ya sabemos que en general las motos de trial no son especialmente ruidosas, habrá que esforzarse en conseguir motos que hagan menos ruido, las fábricas deben ir en esa línea porque técnicamente es posible, aunque eso conlleve pérdidas de potencia. De qué me sirve tener una moto muy bonita, muy dócil, muy eficaz, etc, si no la puedo usar porque hace mucho ruido y nos crea mala fama. Realmente no es muy comprensible que las fábricas, a quien les debe interesar como al que más que se potencie una determinada especialidad, sean capaces de poner a la venta modelos descaradamente más ruidosos que los anteriores. No se comprende que para disminuir las emisiones contaminantes de un motor de trial de dos tiempos, se fabrique un motor de cuatro tiempos, quizá menos contaminante, pero mucho más ruidoso. Desde luego creo que es un factor a revisar cuanto antes.

En cuanto a nuestra actuación desde el punto de vista legal, como punto de partida estaremos de acuerdo en que aparte de no producir beneficios sobre el medio ambiente, el trial tampoco aporta nada positivo desde el punto de vista económico. Al “paisano” propietario del terreno donde hacemos trial, no le reporta ningún beneficio, lo que contribuye al futuro negro que pintaba al principio. Vuelvo a incidir en la necesidad de conocer la legislación que de alguna u otra forma puede afectarnos, es decir, estar informados de nuestros derechos y obligaciones.

Es evidente que el trial “original” de travesía tiene los días contados, por lo que habrá que intentar adaptarse a las circunstancias.

Como aportación, se debe intentar la creación de espacios cerrados para la moto de campo. De igual manera que existen circuitos de motocross, pueden plantearse “circuitos” de trial en espacios de propiedad particular o municipal (esto ya está inventado…parc motor) en los que evidentemente nadie nos va a pedir la matrícula ni el seguro, igual que no se hace en el motocross o la velocidad. Esta posibilidad puede plantearse como un negocio en el que pagas por “utilizar” un terreno que otros se encargan de gestionar o simplemente, a semejanza con los cotos de caza y salvando todas las distancias, un espacio en el que después de evaluar una serie de parámetros y tras cumplir los requisitos que hubiera que establecer (evaluación de impacto ambiental, duración del contrato o cesión, condiciones, fianzas, etc.) un grupo de amiguetes, un motoclub o incluso, porqué no, las propias federaciones, gestionan un terreno en el que se pueda autorizar hacer trial. Quizá haya que tender a que todo el que quiera practicar trial de una forma legal tenga que estar de alguna manera acogido al amparo o disciplina de algún tipo de mutualidad o, directamente, de una federación deportiva.

La legislación se vuelve cada vez más restrictiva quizá porque no sabemos explicar que los temidos efectos perjudiciales del trial o de la moto de campo en general no lo son tanto.

El legislador, como en cualquier otro ámbito, probablemente tiende a restringir porque le resulta mucho más fácil, y al fin y al cabo el trial, comparativamente, lo practican cuatro gatos y no tiene ninguna ventaja para nadie que no sea el que lo practica... “el que no llora no mama”.

Pero también lo hace en muchas ocasiones por desconocimiento. Desde luego no se puede negar que a cañonazos también se matan las moscas.

Es conveniente tratar de cumplir y apoyar aquellas normativas que, dentro de las limitaciones que establecen para el uso de la moto de campo en el medio natural, como montes de utilidad pública, espacios protegidos, reservas, etc, dejan la puerta abierta a que se pueda hacer trial en determinadas zonas y de determinadas formas. Es lo que hay. En algunas comunidades autónomas simplemente se prohibe, lo que de antemano te convierte casi en un presunto delincuente.

En este sentido pienso que es interesante y necesario crear puntos de encuentro con las Administraciones Autonómicas e incluso Municipales con competencias en materia forestal o medioambiental, para establecer claramente una delimitación espacial en función de valores naturales, figuras de protección ambiental, especial peligrosidad en épocas de peligro de incendio o cualquier otro factor que pueda resultar limitante.

Como resultado, y previo “ajuste legislativo” si fuera necesario, se establecería una zonificación a cada nivel (autonómico o municipal) en el que quedaran reflejados básicamente tres tipos de terreno:

-Aquellos en los que de acuerdo a esos parámetros deba prohibirse el uso de cualquier tipo de vehículo (no sólo las motos, evidentemente) exceptuando los autorizados para la gestión del territorio (Administraciones, propietarios, aprovechamientos forestales y ganaderos, etc.).

-Terrenos en los que únicamente puedan autorizarse competiciones, amparadas por federaciones deportivas, y sujetas a una normativa específica que puede incluir sistemas de rotación para impedir la degradación de una zona concreta.

-Zonas en las que se autorice el uso de la moto de campo bajo una normativa de tipo más generalista, bien sea de forma libre o tendiendo gradualmente a promover la obligatoriedad de pertenecer a algún club, mutualidad, federación o cualquier otra forma de asociación que ejerza un mínimo control administrativo, como pueda ser la gestión de permisos de los propietarios de los terrenos.

Hoy en día, con la cantidad y calidad de información que manejan las Administraciones, con el soporte de los sistemas de información geográfica (SIG), apoyo y trabajo por parte de motoclubs y federaciones y un poco de voluntad de entendimiento por ambas partes, creo que es mucho más fácil de lo que parece llegar a establecer esta zonificación que abra la vía a la normalización del uso de la moto de campo.

En resumen, en cuanto a perspectivas de futuro, por decirlo en una palabra, “chungas”, si no somos capaces de arrimar el hombro, explicar realmente el daño que puede hacer el trial, si no conseguimos que el que legisla conozca el impacto que podemos causar y que debidamente regulado es perfectamente compatible con la conservación de la naturaleza.

Si por otra parte no respetamos lo que con sentido común es mínimamente exigible en un comportamiento medioambientalmente civilizado, acabamos con los macarrillas, destrozamatas y espantavacas ( a los que ya dije que no va dirigido esto, porque no lo van a leer), lo tendremos cada vez un poco más difícil.