TRIALMADRID en los 2 Days Scottish Trial PRE-65

Kinlochleven

28 y 29 de abril de 2006

Crónica y fotos: Alfonso Sánchez-Eguibar

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Clasificaciones

END OF HILL

Pese a que en el año 2004 había decidido no volver a los Scottish hasta que no dispusiera de una moto en condiciones, he vuelto a Kinlochleven para disfrutar del trial más famoso del mundo. Para la edición del 2004 un buen amigo me prestó una BSA C-15 de 250 c.c. que daba miedo conducir. Fui muy ingenuo al pensar que todas las motos que participaban eran similares y que por tanto las zonas serían adecuadas al calibre de aquel hierro. Me equivoqué de lleno y el resultado fue nefasto: no pude hacer más que media docena de zonas y me pasé los dos días empujando una moto que se paraba constantemente y que, a veces, arrancaba tras cambiarle la bujía y darle 10 ó 15 patadas. Lo pasé francamente mal. Por ello le pedí a Mick Andrews que me buscara una buena moto para Escocia, de dos tiempos, a ser posible idéntica a la suya. Como la moto no acababa de aparecer pensamos que tal vez sería mejor construir una, por lo que se puso manos a la obra. De hecho me inscribí para correr este año con James pensando que en abril estaría acabada. Como no pudo ser decidí posponer mi participación hasta el año 2007. Sin embargo, al final, casi forzado por tres amigos que pusieron a mi disposición tres motos, y después de que dos se rompieran en Madrid los días previos al viaje, me presenté en Kinlochleven con una BSA B-40 dispuesto a todo.

Mick y la Douglas

No me arrepiento de haber ido. Disfruté como nunca. Este trial es impresionante, con treinta zonas diarias todas ellas muy buenas, incluso factibles a cero para los mejores, pero con un montón de trampas en cada palmo que al final te cargan de puntos de manera inexorable. Si a ello le añades una interzona larga y dura, un magnífico ambiente y los mejores pilotos y motos clásicos del mundo, tienes todos los ingredientes para pasártelo en grande. Además, en esta ocasión no solo no cayó una gota de agua en los dos días, sino que tuvimos una temperatura muy agradable y sol prácticamente todo el día. Ello hizo que los temidos blackwater este año no fueran para tanto, y que el nivel del agua de los arroyos te permitiera ver el trazado en todas las zonas.

La banda de gaiteros no podía faltar

Respecto al trial en si, en mi caso, con una moto desconocida y pesada, empleé casi todo el primer día en hacerme a una BSA tan manejable como un tranvía. Sin embargo, cuando tocaba quejarse de la facilidad de conducción de la moto, miraba al bueno de Mick y su Douglas y me prometía a mi mismo estar muy callado. Por lo demás todo bien, principalmente porque tuve la suerte de ir prácticamente todo el rato junto a Mick ya que nuestros números eran pares y muy próximos. Con más pena que gloria finalicé el primer día.

De Izquierda a derecha Sánchez-Eguibar, De los Casares y Cruz, todos ellos socios de TRIALMADRID

La salida

Para el día siguiente mi intención, aparte de divertirme, era adelantar varios puestos en la clasificación e incluso alcanzar a Javier Cruz y su James, que no andaba muy lejos. No se si en Escocia hay meigas, banshee, leprechauns u otros monstruos celtas similares. También es posible que la BSA se pusiera celosa en el parque cerrado al ver de cerca a su antiguo dueño (John Carson) subido encima de una flamante James de dos tiempos bastante más joven y delgada que ella. El remate pudo haber sido cuando la BSA me oyó contarle a John que yo no era precisamente un entusiasta de los cuatro tiempos y que habitualmente conducía una Cota 330, y que la TLR 250 me había desilusionado bastante. Por estas razones, o las que fueran, ya al tomar la salida noté que mi moto estaba algo rara y poco después de abandonar el parque cerrado me pareció oírle mascullar por el filtro de aire algo así como que a su edad ya estaba cansada de aquel clima tan insano, que prefería quedarse a disfrutar su jubilación en el sur de Europa, y que era una canallada hacerle volver a las Highlands para pasar una vez más aquellas zonas con tantas rocas, raíces y agua... conducida, encima, por un hereje. Realmente desconozco el motivo, tal vez fueron esos monstruos o cosa de los celos, pero lo cierto es que unos cientos de metros más allá me quedé sin embrague. Al soltar la maneta la moto no se calaba, pero tampoco avanzaba. Era como estar con un Vespino en un semáforo esperando que se pusiera en verde. Podía incluso acelerar en vacío, que la moto no avanzaba un centímetro. Primero traté de arreglar el problema yo mismo. Luego Mick Andrews trató de ayudarme, pero todo fue inútil. Evidentemente estaba obsesionado por acabar la prueba fuera como fuera. No se puede ir a Escocia dos años y no terminar ninguno de ellos. Telefoneé a Chiri y tras su intervención la moto podía caminar con dificultad, pero lo suficiente para intentar acabar la prueba. En esa situación completé el primer bucle. Al llegar al parque cerrado entre él y Jalisco trataron de buscar una solución, pero no la había. Por tanto no tenía más opciones que retirarme o continuar sin embrague. Tal vez en una Cota sea fácil conducir sin embrague. En una BSA es muy complicado. Evidentemente con aquella interzona y con la BSA “automática” las zonas y la puntuación pasaron a un segundo plano. El principal objetivo fue llegar a todos los grupos de zonas y atravesarlas. Tener en cuenta que en Escocia no vale con meter el eje y pedir un cinco. Te obligan a completar la zona sea como sea y, además, por lo general, una vez dentro el único camino para salir son las dos puertas que señalan “end of hill”, o lo que es lo mismo, que se ha terminado la zona. Tras una agotadora jornada, cuando atravesé Mam Brec, quedándome por tanto tres o cuatro millas para acabar el trial, iba partiéndome de risa por los caminos. Los pilotos y espectadores que me habían visto en las zonas anteriores haciendo cosas raras debido a la falta de embrague, al verme luego reír por los senderos debieron pensar que me había chalado del sobreesfuerzo. Yo iba con el cuerpo roto, pero muy feliz, dentro de mi casco, y poco después acababa el trial. Al llegar al paddock les pegué un abrazo a Sammy y a Mick, que estaba este último aún más contento que yo por el mero hecho de haber terminado. Tras preguntarle por los puntos que había hecho comencé nuevamente a reírme porque, ¡oh paradoja¡, pilotando una moto nueva para mi, de las características arriba descritas, con los problemas que os he contado, resultó que había ganado a Mick Andrews en Escocia sacándole más o menos cincuenta puntos, lo cual parece sacado de un sainete.

BSA B40

Chiri y Jalisco. Una ayuda fundamental en todos los aspectos. ¡Bravo por ellos¡

Por cierto, quiero dar las gracias una vez más a Chiri y a Jalisco, cuya asistencia fue fundamental, no solo para mí, sino para el mismísimo Andrews, que en Coire Dubh, a tres zonas del final, se salió la cadena de la Douglas dañando alguna pieza fundamental para seguir adelante. Volví a telefonear a Chiri quien, poco después, llegó con las herramientas y útiles adecuados y junto con Mick consiguieron poner en funcionamiento la moto para acabar la prueba.

Sammy Miller, Alfonso Sánchez-Eguibar y Mick Andrews

Otros amigos de Trialmadrid corrieron suertes diversas: Carles Casas el primer día no cometió un solo fallo. ¡Increíble! El segundo día no acababan de salirle las cuentas: él hizo un estúpido fiasco al pisar por error la palanca de freno en un momento inoportuno. Además puso un pié en otra zona. Inexplicablemente, según los jueces, sumó 27 puntos en esa jornada. Una ventaja de Escocia es que no llevas tarjeta. Desde luego este detalle elimina prácticamente las colas y es muy cómodo para el piloto. Tiene el inconveniente que hasta que ves los resultados publicados en el tablón no sabes exactamente qué puntuación has hecho en cada zona. En su caso no encuentra nadie una explicación lógica. El propio Carles, persona muy querida en Escocia, prefiere no buscarla.

Sánchez-Eguibar en el Pipeline

Javier Cruz, aprovechando que Andrews había decidido correr con la Douglas, pudo disponer de la James de Mick, logrando un resultado aceptable y disfrutando de la ocasión única que representa correr en Escocia (o en la luna) con dicha moto.

Mauricio de los Casares, debutante en Escocia, salió dispuesto a todo a los mandos de su Triumph Cub 200. También se lo pasó como nunca, pese a que sufrió considerablemente cuando se le agarrotaron brazos o piernas en alguna zona. Concretamente en Pipeline, arriba del todo, se quedó enfiascado y agarrado al manillar de forma tal que no podía soltar sus manos de los puños. Estas cosas se olvidan pronto, y aquella misma tarde, durante la ceremonia de entrega de trofeos, con una cerveza en la mano, nos reímos de nosotros mismos viendo cuantos sexagenarios avanzados y algún que otro septuagenario nos había batido por un montón de puntos.

Respecto a Mick, como siempre, estuvo impresionante. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos no me lo creería. Era asombroso verle subir las colinas con aquel armario de tres cuerpos, dos cilindros opuestos y un montón de kilos de peso. Pese a su condición física y conocimiento del terreno, las pasó canutas. En varias ocasiones, antes de entrar en algunas zonas, tuvo que hacer todo tipo de estiramientos y otros ejercicios para evitar el agarrotamiento. Sinceramente, no sé como pudo acabar y tampoco me explico como pudo hacerse siete u ocho zonas a cero.

Andrews en Cnoc a Linnhe

Para los que todavía no hayáis visto su moto no dejéis de echarle un ojo a las fotografías disponibles. Es otra cosa. Pese a las motos rarísimas que puedes encontrarte en Escocia, tanto de dos como de cuatro tiempos, algunas de ellas muy competitivas, hasta el punto que nada tienen que envidiar a la mejor de las Sherpas, Cotas u Hondas de los triales clásicos; luego hay una legión de Triumph, BSA, Greeves, Norton y otras que, bien afinadas por sus dueños, son capaces de resistir dignamente lo que les echen. También hay auténticos cacharros por lo general muy pesados, incluso algunos rígidos, sin más suspensión trasera que unos muelles debajo del asiento del conductor. Por último está la Douglas de Mick, que fue calificada públicamente por un miembro de la organización como la “peor moto que ha corrido jamás en los dos días”. Esto lo dijo el organizador sin probarla, es decir, no le cupo ni la más mínima duda sobre las escasísimas cualidades trialeras de la moto solo con verla. El organizador acertó, por supuesto. Aún así el gran Mick terminó la carrera en una honrosa posición y, también como siempre, con la sonrisa en la cara.

De izquierda a derecha Javier Cruz, Alfonso Sánchez-Eguibar y Mauricio de los Casares

En definitiva, entre los participantes de Trialmadrid, variedad de resultados y un denominador común: todos lo pasamos en grande, cada uno a su manera. Como anécdota resaltar la paradoja de que el Gran Mick, sin duda alguna el más grande piloto de los Scottish y probablemente el mejor piloto de todos los tiempos, fue vencido en su propia casa por todos los demás componentes del Motoclub, que al fin y al cabo no somos mas que unos “domingueros”. En realidad, para ser justos, digamos que se trató de una revancha: acordaros que Mick vino a Cabanillas hace unas semanas y nos ganó a todos subido en una Fantic 156 c.c. a la que faltaba motor, frenos y suspensiones por todos lados. Pues bien, ahora nosotros hemos ido a Escocia con unas motos bastante peores que dicha Fantic con la única idea de sacarnos aquella espina. Y lo hemos conseguido. Somos la leche...

Jill Andrews es la primera fan de su amigo Michael Schumaker. Para festejar la reciente victoria del alemán se pintó el pelo de Ferrari

Crónica de Javier Cruz